Cambios, cambios, cambios

¡Hay que ver como cambia todo! Y es que me parece que hasta la manera de cambiar es diferente.

Hace unos días me instalé con mi pareja en una nueva ciudad de un nuevo país.

Hace más de 15 años me instalé sola en una nueva ciudad de un nuevo país.

En aquel entonces, apenas usábamos el e-mail y todo el contacto con mis seres queridos era vía correo postal. ¡Cómo me alegraba la vida recibir cartas! Recuerdo que la sensación de cambio fue enorme, tan enorme como la soledad que sentí los primeros meses.

Ahora en pleno siglo XXI y después de llevar una semana en mi nueva aventura, echo un poco de menos aquellos momentos de desconexión total en el que andabas por la calle con total sensación de libertad. Libertad por que nadie esperaba de ti nada, libertad porque nadie te conocía y libertad porque no se podía hacer nada por remediarlo. Y es que, como decía, después de llevar una semana aquí, habré recibido una treintena de mensajes, vía facebook, whatsapp, sms, e-mails , etc preguntando “¿Cómo lo llevas?” Y he pensado “ufff, me va a llevar un montón de tiempo responder a todo el mundo” y entonces he añorado esa primera aventura hace mas de quince años, y es que el cambio no lo es tanto si al final usas siempre la misma maleta.

Y estas son mis primeras sensaciones en Amsterdam

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